No existe el alma gemela, son los papás*

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H.D. Lawrence llamó “egoísmo a dúo” a la forma de relacionarse basada en la dependencia, los celos y el enclaustramiento

Karen Cymerman

H.D. Lawrence llamó “egoísmo a dúo” a la forma de relacionarse basada en la dependencia, los celos y el enclaustramiento; que no exista el alma gemela significa que puedes crear vínculos a partir del conocimiento del otro, pero también que puedes nunca encontrar a alguien para compartir tu vida.

Las rosas son rojas, las violetas son azules y el mito del alma gemela es una tomada de pelo. En palabras del dibujante y escritor Randall Munroe, si existiera, encontraríamos el amor verdadero en una de cada 10 mil vidas.

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Que no cunda el pánico. Afortunadamente, “el alma gemela” no es más que un invento platónico de la obra El Banquete: al principio de los tiempos los hombres eran seres completos con dos cabezas, cuatro piernas y cuatro brazos (ay, qué completos) y Zeús, en un arranque de ira, dividió a los seres humanos por la mitad dejándolos incompletos para siempre, condenándolos a buscar su otra mitad perpetuamente.

El alma gemela, tu media naranja, el amor de tu vida o como le quieres llamar, pertenece al conjunto de conceptos que conforman el mito del amor romántico —que es inspirador en las comedias románticas, pero algo absurdo en la vida real. El amor idealizado occidental, presente en la literatura antigua y reflejado en las expresiones artísticas de nuestros tiempos, no se centra, de acuerdo con Denis de Rougemont, en el placer de los sentidos, la felicidad que se encuentra con la pareja, ni el respeto y el conocimiento del otro, sino en el amor como pasión sufriente.

¿Por qué, si no somos la protagonista de una chik flick, querríamos aceptar y normalizar la felicidad a partir del sufrimiento que nos causa estar con otra persona (más bien no poder estar)? Creer en el amor romántico es nocivo por muchas cosas, pero principalmente porque nos crea la sensación de estar incompletos y de que una vez que hayamos encontrado el amor todo en nuestras vidas se resolverá, y no es así.

El escritor inglés H.D. Lawrence llamó “egoísmo a dúo” a la forma de relacionarse basada en la dependencia, la búsqueda de seguridad y necesidad del otro, la renuncia a la interdependencia personal, la ausencia de libertad, los celos, la rutina, la adscripción irreflexiva a las convenciones sociales y el enclaustramiento mutuo. Es decir, lo que creemos que es el amor (a secas) en la posmodernidad, una manera de vincularse en pareja violenta y hostil.

Las personas no están hechas para otras personas, las personas simplemente están. “Dios ha muerto”, y nadie trazó un plan para ti, eso, representa libertad. Si no existe el alma gemela —ese ser destinado a encontrarse en tu camino— significa que no estás atado a ninguna persona y puedes, en cambio, construir relaciones sanas basadas en vínculos reales formados a partir del conocimiento del otro y lo positivo que su existencia y su participación en tu vida trae consigo. Pero también significa que puedes no encontrar a una persona para compartir tu vida y eso no tiene por qué ser una tragedia.

El amor existe, claro, pero existe gracias a que se establecen vínculos, todo lo demás es enamoramiento y literatura.

“Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no. Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia”.

*Publicado en antesdeeva.com [abril 7, 2016]

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Rodolfo Llinás