(De)Construyendo Feminismos: Diálogos Feministas Intergeneracionales

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Feminismo

El pasado 29 y 30 de abril se llevó a cabo un diálogo intergeneracional en el marco del Grupo de Trabajo Feminista (GTF) el cual está integrado por seis redes: la Red Latinoamericana y Caribeña de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos- RedLAC, la Articulación Feminista Marcosur, la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir, la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, la Campaña por una Convención de Derechos Sexuales y el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (ECMIA).

El objetivo de este diálogo fue contribuir a la construcción de estrategias de cara a la Agenda 2030 a la par de configurar un espacio de encuentro entre los diversos feminismos que reúne la diversidad de mujeres adultas y jóvenes de la región de América Latina y el Caribe; seguir aportando al debate sobre el movimiento feminista; e identificar propuestas y puntos de encuentro para la articulación.

LAS REFLEXIONES COMPARTIDAS A PARTIR DEL DIÁLOGO ENTRE LA DIVERSIDAD DE FEMINISTAS JÓVENES Y ADULTAS QUE CONFLUIMOS EN ESE ESPACIO

En un intercambio, como lo es un diálogo intergeneracional median relaciones de poder, diversas trayectorias-  y cabe decirlo- esfuerzos por legitimar saberes y experiencias que nos invitan a la reflexión y hacen un llamado a mirarnos de manera crítica desde nuestros procesos individuales y colectivos dentro del feminismo. Con base en esto surgieron cuestionamientos como ¿la experiencia representa un factor de poder por parte de las adultas hacia las jóvenes?, ¿existe un enfrentamiento generacional dentro del movimiento feminista?, si es así ¿qué lo propicia?, ¿las demandas dentro de los feminismos han cambiado?, ¿hay acaso una nueva agenda política feminista? Son preguntas que nos ayudan a reflexionar sobre un concepto clave: el adultocentrismo.

Hablar de adultocentrismo dentro del movimiento feminista es esencial puesto que invita a romper con la lógica patriarcal, jerárquica del hombre adulto, heterosexual, blanco y burgués como centro de un todo. Sin embargo, para cuestionar el adultocentrismo dentro de nuestros procesos colectivos y prácticas individuales es necesario pensar en el sentimiento del miedo y la admiración que desde nuestro ser mujer joven depositamos en la figura del feminismo de las otras: las adultas. Sentimientos socialmente construidos en relación a figuras de poder con base en su conocimiento, experiencias y autoridad,  los cuales pueden llegar a representar ciertas limitaciones a la hora de compartir espacios de reflexión, propuestas y posicionar demandas concretas de las jóvenes.

En este sentido habrá también que cuestionarnos desde nuestro ser joven ¿Acaso las jóvenes feministas sentimos que no tenemos el bagaje intelectual para debatir con otras mujeres adultas?, ¿Creemos que nos falta experiencia?, ¿Las personas mayores saben más?. Lo cierto es que el debate de fondo es la figura que se nos ha impuesto como mujeres,  estructura en la que se nos ha educado y enseñado a dudar de nuestros conocimientos y no defender nuestra postura, creernos incapaces de ser sujetas políticas y sociales,  aunado a la educación de competencia entre mujeres, batalla que se expresa de forma más fuerte cuando los espacios de toma de decisiones y de poder para las mujeres son reducidos, y no se pone en el centro la construcción colectiva y de sororidad de nuevos y diversos  liderazgos sino de imposición de unas sobre otras para reafirmarse como sujetas.

Estas primeras reflexiones se encuentran ligadas al tema del “relevo intergeneracional” que desde una lógica capitalista posiciona a las feministas adultas como sujetos desechables, que tendrán que jubilarse del movimiento feminista para darle su lugar a las jóvenes,  o por el otro lado, como joven, tienes que cumplir con determinada edad que suponga la acumulación de experiencias necesarias para poder ocupar puestos de toma de decisión.

Nuestros retos para el movimiento feminista es entender los feminismos como un continuum y no como una carrera de relevos, lo cual implica reconocer que no hay un movimiento feminista homogéneo ni mucho menos lineal. Por el contrario, es un ir y venir de puntos de vista críticos, encuentros, desencuentros, propuestas y alianzas históricas donde los pasos que han dado las feministas antecesoras, han sentado las bases para que los feminismos que actualmente se están articulando continúen en estos caminos y generen nuevos. Para ello es fundamental reconocer la memoria y la justicia histórica de las mujeres que nos antecedieron en la lucha feminista, así como ir más allá de las cuotas asignadas para las jóvenes dentro de las organizaciones.

De ahí la importancia de seguir generando estos espacios de diálogo intergeneracional que nos permitan generar análisis sobre el contexto social, político, económico y cultural en el que situamos nuestras luchas y demandas, compartir experiencias y estrategias ante la represión y embate político de los gobiernos fundamentalistas; reconocernos en nuestras diferencias identitarias como lesbianas, jóvenes, indígenas, adultas y negras para seguir articulando una  agenda política que posicione nuestras demandas que nos posibilite ampliar nuestros desafíos  dentro del propio movimiento feminista en América Latina y el Caribe.

Los diálogos intergeneracionales nos permiten generar compromisos y posicionar demandas concretas a los gobiernos en materia de derechos de las mujeres y jóvenes, fundamentalmente en torno a la Agenda 2030 que buscan erradicar la pobreza, combatir las desigualdades y proteger el medio ambiente, donde nuestras aportaciones serán claves para la construcción de un mundo más sustentable que nos coloque como mujeres jóvenes y adultas sujetas de cambio.

Jessica Techalotzi

@jess_tez

Elige Red de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos A.C.

@EligeRed


Ilustración: crowlhy.com

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