Día Internacional de la Juventud: ¿Para qué nos ha servido?

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Claudio Frausto Lara

En México el 25.7% de de la población se encuentra entre los 15 y 29 años. Solo el 62.4% de las personas de entre 15 y 19 años accede a educación, mientras que del grupo de entre 20 y 24 años solo el 25.5% puede ejercer este derecho. Además, únicamente el 7.1% de quienes tienen entre 25 y 29 años puede estudiar[1]… Espera, espera, espera… ¿otro artículo con datos sobre la relevancia de hablar de juventud? No, no, no… No te preocupes. Tampoco será sobre la “importancia” de este sector por ser un porcentaje de la población, mucho menos voy a decirte que hay que tomar en cuenta a la juventud por su “espíritu emprendedor” o su “hambre de futuro” o “creatividad que hace suyo el presente” o alguna otra frase rimbombante y semi-empresarial que pretenda inflamar los ánimos de quien se conmueve con imágenes cursis.

En lugar de eso, te invito a reflexionar. Son ya 18 años desde el establecimiento del Día Internacional de Juventud: el inicio de su “mayoría de edad”, pero ¿para qué nos ha servido?, ¿sigue siendo necesario?

La Asamblea General de las Naciones Unidas señala que los días internacionales tienen el objetivo de “sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los Estados actúen y tomen medidas o para que la ciudadanía así lo exijan a sus representantes”.

En este sentido, el Día Internacional de la Juventud, ¿ha logrado el impacto que se propone?

Me parece que la mayoría de las actividades que se realizan con relación a las juventudes (salvo, claro, honrosas excepciones) suelen profundizar algunos problemas como la repetición de estigmas que se le han asignado a las juventudes o incluso la creación de estigmas nuevos

En nuestro país, a nivel federal, podemos identificar la generación de acciones en materia de juventud que van desde actividades deportivas, hasta clases de actuación para hacer televisión. Además de la conformación de una “red de jóvenes” dispuestos a asistir a diversas actividades en presencia de secretarios de Estado y “figuras nacionales” en donde se señala la importancia de la participación de las juventudes (la cual es por supuesto acotada y se basa en un guión preestablecido en dichos eventos).

No podemos dejar de lado los premios que dotan de una recompensa económica a quienes, sin duda, destacan por su trayectoria en diversas áreas (lo cual es admirable, pues lo hacen a pesar de las adversidades que enfrentan). A nivel local el menú de actividades “de juventud” va desde conciertos, hasta ferias y visitas a diferentes sitios turísticos, no sin antes “palomear” en la lista los nombres de cada una de las personas jóvenes que hacen el esfuerzo por estar ahí a cambio de algunos beneficios económicos.

No me mal entiendan, no me parece que esté del todo mal llevar a cabo este tipo de diversas actividades; sí me parece terrible que se hagan priorizando el uso de recursos para su realización y que se lleven a cabo con la pretensión de resolver un problema o de sensibilizar. Al contrario, me parece que la mayoría de las actividades que se realizan con relación a las juventudes (salvo, claro, honrosas excepciones) suelen profundizar algunos problemas como la repetición de estigmas que se le han asignado a las juventudes o incluso la creación de estigmas nuevos.

Después de 18 años de conmemorar el Día Internacional de la Juventud, los eventos sobre “la juventud” suelen homogeneizar a este sector, mostrando que “sí se puede” ser joven y “éxitos@”, que todas y todos podemos “triunfar en la vida”, pero solo si le “echamos ganas…” Porque para quienes gobiernan, o por lo menos para quienes comunican dentro del gobierno, es mejor ponerlo así en lugar de enfrentar las desigualdades estructurales que generan pobreza y que a su vez llevan a situaciones de discriminación y violencia (Arzato Salgado, Castillo, Gernández, & García Sánchez, 2010).

Hemos dejado pasar, sin aprovechar, el “bono demográfico” en un país en donde ni siquiera existe una legislación federal que reconozca a las personas jóvenes como sujetos de derechos, o como un sector con necesidades diferenciadas, heterogéneas y específicas. En vez de ello se han realizado acciones mediáticas que no han logrado que nuestras y nuestros representantes hagan de la política pública en materia de juventudes algo transversal, considerando el ciclo de vida de forma integral, que contemple una mirada intergeneracional, intercultural y de género.

En 18 años, este día tampoco nos ha servido para que “la ciudadanía exija a sus representantes”. Nuestros esfuerzos no han tenido suficiente impacto, nuestra voluntad para organizarnos no ha contemplado a más sectores que los que ya estaban aquí cuando llegamos; no hemos logrado visibilizar otras formas de participación de las juventudes que desmientan la “apatía” que se nos asigna en el imaginario popular de nuestro país y nuestra región, pero tampoco hemos escuchado la voz de quienes no han podido ejercerla en primera persona, desde la vivencia de las desigualdades que les atraviesan.

Así que 18 años de conmemorar el Día internacional de la Juventud, ¿de qué ha servido?

Ha habido avances, sobre todo en lo que respecta al reconocimiento de los mismos en algunas legislaciones locales; en declaraciones de organismos multilaterales y en eventos internacionales de gran importancia. Pero al leer los muchos artículos con cifras y frases de leve esperanza que estarán siendo publicados de forma simultánea a este texto, nos daremos cuenta de que ha sido poco el impacto en la vida de las personas jóvenes y que esto representará una afectación para toda la población si no reaccionamos pronto y fuerte.

El Día Internacional de la Juventud sigue siendo necesario, pero no puede seguir el mismo rumbo. Las acciones en materia de juventud (por mucho avance que represente su sola existencia), no pueden seguir siendo las mismas. Cambios de mirada, de enfoque y de acciones son necesarios y urgentes. Comencemos por reconocer a las personas jóvenes como sujetas de derecho, con una voz propia, con capacidad para indicar el camino y de sentarse a la mesa con otras generaciones para construir un mundo que contemple las necesidades y derechos de todas y todos quienes lo habitamos.

[1] Si quieres ver datos sobre juventud en México acá algunos que pueden servir: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2016/juventud2016_0.pdf

Claudio Frausto Lara

Estudiante de Maestría en Ciencia Política

El Colegio de México

@CFraustoLara
Referencias

Arzato Salgado, J., Castillo, Gernández, D., & García Sánchez, G. (2010). La articulación pobreza-desigualdad.violencia en la vida cotidiana. Espacio Abierto Cuaderno Venezolano de Sociología, 19(3), 521–539.

Asamblea General de Naciones Unidas. (2016). ¿Para qué sirven los Días Internacionales? | NACIONES UNIDAS. Retrieved August 1, 2017, from https://blogs.un.org/es/2016/11/23/para-que-sirven-los-dias-internacionales/

Horbath, J. E. (2016). Contrastes regionales de la discriminación laboral hacia los jóvenes en México *, 14, 1273–1290. https://doi.org/10.11600/1692715x.14226240814

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2016). ESTADÍSTICAS A PROPÓSITO DEL… DÍA INTERNACIONAL DE LA JUVENTUD (15 A 29 AÑOS) 12 DE AGOSTO. Retrieved August 1, 2017, from http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2016/juventud2016_0.pdf

Foto: elhorizonte.mx

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