La gran desventaja de ser mujer joven en México*

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Jimena Valdés Figueroa

Sin lugar a dudas, al abordar los escenarios de precariedad en los que transitan los jóvenes, particularmente de países de América Latina como el caso de México, es fundamental el posicionar un análisis desde la interseccionalidad, en la que se ubique como una variable al género.

Si bien, la igualdad formal o la igualdad ante la ley está establecida en distintos instrumentos nacionales e internacionales, la igualdad sustantiva de género supone la modificación de las circunstancias que impiden a las personas ejercer plenamente sus derechos y tener acceso a oportunidades de desarrollo mediante medidas estructurales, legales o de política pública. (ONU MUJERES, 2017).

Partiendo de esta visión relacionada con la igualdad sustantiva de género, se pueden caracterizar los contextos de desigualdad que en México enfrentan las mujeres jóvenes.

En el 2014, la población estimada de jóvenes mexicanos fue de 37 millones, de los cuales 47.1% vive en situación de pobreza.  en la misma condición.

En lo que se refiere a la pobreza extrema, 49% del total de los jóvenes pobres, son pobres extremos. Cifra que se agudiza para el caso de las mujeres reportando cifras del 50.99%.

En México, 29.17% de la población joven es vulnerable por carencias sociales, lo que significa que aunque tuvieron un ingreso superior al necesario para cubrir sus necesidades pero presentaron una o más carencias sociales. .

6.14% de la población juvenil es vulnerable por ingresos, lo que implica que su ingreso fue inferior o igual al ingreso necesario para cubrir sus necesidades básicas.

En el ámbito educativo, 94% de los jóvenes de 12 a 29 años se consideran alfabetizados, 50.6% son mujeres y 49.4% hombres (INEGI, Encuesta Intercensal, 2015).

Respecto de la permanencia de las y los jóvenes en el sistema educativo, el INEGI (2015) reporta que por nivel educativo:

  • Del total de jóvenes en México que cuentan con educación básica (preescolar, primaria y secundaria), existe una diferencia de aproximadamente un punto porcentual que favorece a los hombres. Es decir, de la población joven que cuentan con educación básica, 50.4% son hombres y 49.6% son mujeres.
  • Respecto al nivel medio superior (preparatoria o bachillerato), la proporción cambia. De un total de 8,795,695 jóvenes que estudian la preparatoria o el bachillerato, 48.4% son hombres y 51.6% son mujeres.
  • En relación con las y los jóvenes que estudian una carrera profesional (licenciatura), de un total de 5, 265,041 jóvenes, 47.3% son hombres y 52.7% son mujeres.
  • Por último, de 277,723 jóvenes que estudian un nivel de posgrado, 47.7% de ellos son hombres y 52.3% son mujeres.

Sin embargo, . En lo que respecta al ingreso, los datos capturados por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) dan cuenta de que los mayores niveles de ingresos en jóvenes ocupados, favorecen a los hombres, el 3.7% de los hombres recibe más de 5 salarios mínimos, frente al 2.3% de las mujeres.

En lo que respecta a su posición en el mercado de trabajo, se observa que 78.7% de las mujeres de 15 a 29 años de edad son trabajadores subordinados, mientras que .

En comparación con los hombres del mismo grupo de edad, cabe destacar que existe un número mayor de empleadores (1.7%) y la proporción de hombres jóvenes considerados como trabajadores sin pago es de un 8.4% frente al 9.4% de las mujeres.

Como se observa en los datos antes expuestos, aún existe una brecha importante entre la posición que tienen mujeres y hombres en las distintas ocupaciones.

Según datos obtenidos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT 2014), 75.3 mujeres por cada 100 hombres realiza actividades en el mercado de bienes y auto consumo. No obstante, en lo que se refiere a las labores de cuidado no remuneradas las brechas muestran que 103.2 mujeres por cada 100 hombres realizan trabajo doméstico para el propio hogar, 123.1 mujeres por cada 100 hombres, realizan cuidados a integrantes del hogar, 131.3 mujeres por cada 100 hombres realiza trabajo voluntario.

Lo anterior da cuenta de la persistencia de barreras relacionadas con los roles y los estereotipos de género que impiden el alcance de condiciones relacionadas con la igualdad sustantiva; entre ellas las relacionadas con el uso del tiempo y el trabajo no remunerado.

Jimena Valdés Figueroa es Maestra en Estudios de Género por el Colegio de México y Licenciada en Sociología por la Universidad Autónoma del Estado de México.
Se ha desempeñado como servidora pública, docente, como consultora para organizaciones de la sociedad civil y como especialista en el Sistema de las Naciones Unidas en México. Abiertamente feminista y la orgullosa mamá de Tadeo.

Referencias consultadas:

• ONU Mujeres (2017), La Igualdad de Género, Oficina Nacional de ONU Mujeres en México.
INEGI, Encuesta Intercensal 2015, disponible en:http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/especiales/intercensal/

• INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), disponible en:http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/historicas/enoe/default.html

• INEGI, Módulo de Condiciones Socioeconómicas de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (MCS-ENIGH) 2014, disponible en:http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/modulos/mcs/2014/default.html

• INEGI, Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2014, disponible en:http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/especiales/enut/2014/default.html

Foto: thinglink.com

*Publicado en sapiensbox.com [agosto 29, 2017]

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